FLORES SANCHEZ ANA KAREN 5º “D”
ENSAYO DE GLOBALIZACION EN MEXICO
MI TEMA DE LAS NOTICIAS, ES DELINCUENCIA Y NARCOTRAFICO.
¿ QUE ES GLOBALIZACION ?
La globalización es una interdependencia económica creciente del conjunto de países del mundo, provocada por el aumento del volumen y la variedad de las transacciones transfronterizas de bienes y servicios, asi como de los flujos internacionales de capitales, al tiempo que la difusión acelerada de generalizada de tecnología.
GLOBALIZACION EN MEXICO
La globalización se ha convertido en un estadio superior o avanzado del capitalismo, donde se concreta el perseguido afán trasnacional del capital desde la propia revolución industrial. Su presencia en el mundo, obedece a los múltiples cambios que en las estructuras sociales se han presentado durante el fin del presente siglo. Por ejemplo, del concepto de modernidad hemos avanzado al de posmodernidad; en filosofía, el alma y el espíritu han pasado a un patio trasero y ahora se alude a la identidad funcional; el mundo ya no vive en la interioridad del alma (filosofía antigua) o en la forma de sus representaciones (filosofía moderna), sino en la coherencia de los procedimientos que lo describen bajo el control de la ciencia; ahora el ser se trasciende a sí mismo); ha pasado de ser un homo sapiens a convertirse en un homo videns, perdiendo en consecuencia, su capacidad de abstracción y dando por resultado el empobrecimiento de su capacidad de entender); se han producido autómatas y se han dejado de producir humanos. Y este es un sistema que le conviene a la globalización.
NARCOTRAFICO Y GLOBALIZACION
Bueno yo creo que la globalización y el narcotráfico están relacionados con el capitalismo.
Bueno pero el narcotráfico y globalización, de mi punto de vista es que con la tecnología el narcotráfico también crese pues pueden comprar autos con cosas para que les ayude, mas armas, por internet pueden secuestrar, etc., comprar teléfonos para poder comunicarse, en fin un ejemplo mas seria la “DROGA “
La droga es una mercancía que ha dado lugar a una de las industrias más redituables del crimen transnacional, potenciada como nunca antes bajo la globalización capitalista.
Dicha industria no reconoce fronteras y se rige bajo la misma lógica con la cual opera cualquier industria en una economía de mercado: la ganancia máxima.
Pero, a diferencia de otras actividades económicas, la actividad industrial de la droga es una actividad ilegal, organizada y promovida por los denominados cárteles de la droga o empresas capitalistas ilegales, cuyos procedimientos criminales constituyen la más clara expresión del grado de enajenación y cosificación alcanzado por el hombre dentro del capitalismo.
En efecto, en el mundo capitalista el hombre constituye el medio y no el fin de su propia actividad. Importa, no como hombre, sino como instrumento o fuerza de trabajo. Importa la valorización del capital, no la vida ni la valorización del hombre. O dicho en otras palabras, en el mundo capitalista importa tener más y de ningún modo ser más en un tener común.
Como es sabido, la producción y venta de mercancías, incluida la compra-venta de fuerza de trabajo, se encuentra regulada jurídicamente con base en las leyes económicas capitalistas y la lucha de clases.
Pero la producción, procesamiento, trasiego y consumo de la droga es una actividad no sujeta a normatividad jurídica alguna, salvo la penalización que la criminaliza, constituyendo -debido a ello- un verdadero negocio, una verdadera industria, disputada a sangre y fuego entre mafias de carácter local, nacional e internacional, conectada a otras ramas de la industria del crimen (prostitución, pornografía, robo de autos, etc.,) constituyendo, al mismo tiempo, el origen de grandes capitales financieros y grupos de poder transnacional.
Tras las supuestas bondades de la industria capitalista, pregonadas por los organismos financieros internacionales, se encuentran las más abyectas prácticas políticas y productivas orientadas por el frío interés y el cálculo egoísta de los consorcios capitalistas, tanto si se trata de producir y vender estampitas religiosas o de producir, procesar, trasegar y vender la droga. Aunque, ciertamente, no es lo mismo, en cuanto valor de uso, un producto que otro.
El consumo de la droga, sea cocaína, heroína, canabis, anfetaminas, crack o cualquier otra, genera una adicción altamente destructiva para el organismo humano. Por consiguiente, su producción y venta indiscriminada, no con fines prescriptivos sino lucrativos es, en sí misma, criminal.
Las guerras mundiales del siglo XX, como expresión máxima de las guerras comerciales, tecnológicas, financieras entre consorcios capitalistas, así como la guerra del opio o las guerras entre mafias del narcotráfico han tenido y seguirán teniendo la misma lógica dentro del capitalismo: la supremacía financiera, política y militar.
Por lo menos dos condiciones han permitido expandirse, al grado de potencia o poder económico, político y militar, a la industria del narcotráfico. De una parte, la miseria que existe en los países periféricos donde se produce, se procesa y se trasiega el mayor volumen de droga. De la otra parte, el enorme mercado existente en los países industrializados, donde el elevado consumo de drogas constituye una expresión de la enajenación y descomposición social del hombre en la moderna sociedad capitalista.
Estas dos condiciones han creado un circuito alrededor del cual se va produciendo una estela de corrupción y muerte que destruye el tejido social, a la vez que teje una red de complicidades al interior de la sociedad y del estado, en cada país, dando lugar a un poder mafioso conformado por distintos cárteles, entroncados con la economía formal y los circuitos financieros mediante empresas diversas (bancos, aseguradoras, arrendadoras, casas de cambio, fábricas, comercios, hoteles, etc.,) destinadas al lavado del capital proveniente de la droga y, por consiguiente, a transformar a los capos de la mafia en prominentes y ‘respetables’ hombres de negocios vinculados al poder político legalmente constituido.
La realidad del narcotráfico no es nueva ni como industria, ni como infraestructura contrainsurgente, ni como instrumento de mediatización y lumpenización en la sociedad capitalista. Pero esta realidad se ha visto extraordinariamente incrementada por el desarrollo tecnológico y por la expansión y reestructuración que experimenta el capital en todo el mundo. El rápido crecimiento del narcotráfico en las economías de los países del Este y la emergencia en éstos de nuevos ricos vinculados al poder, son un claro ejemplo del grado de inserción alcanzado por el narcotráfico en los grupos del capital financiero y del poder político en todo el mundo.
Dentro de la industria del narcotráfico, México ha sido una vía de acceso entre los países productores y el mercado de droga más grande del mundo: el de los EE.UU. de Norteamérica. Debido a ello, los cárteles de la droga (del golfo, del pacífico, de Cd. Juárez, etc.,) se han conformado en torno al trasiego, disputándose rutas y contactos dentro de las estructuras de poder, incorporando a esta industria criminal a funcionarios y empleados policíacos y militares, así como a representantes de la iglesia católica y del poder político.
Pero además del trasiego, en nuestro país se ha incrementado la producción, procesamiento y consumo de droga, trastocando la organización económica, social y política de la sociedad mexicana, no sólo en sus zonas de mayor rezago económico y más alta marginación social, sino sobre todo al nivel de las cúpulas industriales y financieras y, particularmente, de las instituciones gubernamentales.
Los asesinatos de Luis Donaldo Colosio, de Francisco Ruiz Masieu, del Cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo, por citar sólo los crímenes más connotados al finalizar el sexenio salinista, así como el asesinato de Pablo de Tavira, el supuesto suicidio de Raúl Ramos Tercero, el atentado perpetrado contra el gobernador de Chihuahua y la “fuga” del ‘Chapo’ Guzmán, entre otros acontecimientos de índole criminal, vividos recientemente en el país, demuestran claramente la ola de crímenes que precede al establecimiento de pactos y reacomodos, sexenio tras sexenio, entre grupos del poder político y de la industria del narcotráfico, cuyos dividendos alcanzan en nuestro país aproximadamente cinco mil millones de dólares cada año, cantidad que representa casi el 13% obtenido por el narcotráfico en el mercado de los EE. UU. de Norteamérica.
Visto así el problema, la industria del narcotráfico constituye la expresión descarnada de la economía política capitalista, así como la expresión de la doble moral de las elites financieras y grupos de poder que, al tiempo que se benefician directa o indirectamente con dicha actividad, simulan combatirla.
En efecto. Ante el cada vez mayor control que ejerce formalmente la sociedad sobre las finanzas públicas, la industria del narcotráfico ha sido una fuente de recursos financieros utilizada por los gobiernos capitalistas para combatir a los movimientos populares (opositores, insurgentes y beligerantes) en cualquier parte del mundo, como lo demuestra el caso Irán-contras orquestado por grupos de poder y altos funcionarios del gobierno de los EE.UU., vinculados al narcotráfico.
El combate al narcotráfico ha venido a constituir, generalmente, una cortina de humo utilizada por gobiernos y sectores financieros para ocultar su estrategia global contrainsurgente. El gobierno de los EE.UU., particularmente, ha usado dicha cortina de humo para tratar de legitimar sus políticas ingerencistas y vulnerar las soberanías de las naciones del mundo.
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